
Con todo respeto y espero despierto además, tú camino, tú espera, mi propio y hermoso destino. Ella monja y yo soñador, ella Clara y yo Alfonso.
Primavera era, y cuando yo te conocí el verano llego antes de lo esperado, tú me hablabas de Dios y yo a el lo amaba por conocerte. Seguías platicando y te detienes a preguntarme que pensaba en ese momento y yo, no supe que mierda responder.
Caminamos por Bilbao, Alameda y Tobalaba, terminamos en la esquina de un sucio lugar. Me mirabas y yo pasmado sin sentir ni siquiera el viento pegarme en la cara, me hablabas y yo no lograba escuchar. Tus palabras se escondían entre un te amo y tus miradas en un placer sexual inevitable.
Te invito a pasar y me dices que ya no más. Comprendes mi vocabulario y no lo quieres aceptar. Dices que el pecado reina entre nosotros y yo te invento una rosa entre todo el infierno. En eso, tu caes y yo detrás, tu me odias y yo te amo cada vez más. Con los ojos cerrados y algo asustada no puedes modular e intentas creer que todo es un sueño y no te das cuenta que es realidad.
Cuando abres los ojos, tan solo das gracias a Dios. Y yo, conocí el reino de los cielos.

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