domingo, 11 de mayo de 2008

Tango. Que Bonita es mi tierra

En tu cama somos uno, pero en la calle somos dos. Dos locos que nos preguntamos todo pero respondemos nada.

En mi cama somos dos, pero en la cocina somos uno. El tango se escucha añejo y penetra en nuestro sexo desenfrenado, un mensaje de luz de una nueva morada.

Nuestro sexo es distinto, es deseo de día y placer de noche, el color triste se inmiscuye entre nuestras posiciones y el destello sale arrancando por el pecado cometido.

Tanta abstinencia de horas me hace querer más y más, afuera de la iglesia una mujer pidiendo limosna, a los pies de la cama soy yo quien es el dueño de esta.

Ríos, montañas, tú inquieta … tú pelo, tus ojos, nosotros.

Tierra, que bonita es mi tierra …


Que es nuestra

viernes, 2 de mayo de 2008

volando por el súper espacio sideral


A un costado de la cama estaba el condón, no queríamos recordarlo pero al momento de volar más haya del súper espacio sideral teníamos que hacerlo.

Tú me tocabas y yo hacia lo propio, comenzamos en el Parque Bustamante y terminamos en mi cama, pasando por el auto, el semáforo, el disco pare y casi el choque de una micro y todo esto, por placer.

Y llegamos a mi casa sin pensar en cama, porque apenas abrí la puerta el primer sofá se tiño con sabanas y cubrecamas, en almohadas los cojines se disfrazaron y la mesa de centro en el velador de un lado. Nos aburríamos pronto y pasábamos a comernos a la cocina. Sin mucho aliñar, poco que cocinar, todo estaba precocido hace rato ya. Saludamos unos cuadros que nos encontramos en el pasillo y sin hablarlo dos veces mi cama con los brazos abiertos nos dio albergue.

Sin preocuparnos de dejar ordenado ni mucho menos de mantener la compostura, la ropa poco y nada servia y tu maquillaje pintaba mi vida. El pelo disfrutaba de la montaña rusa que formábamos entre movimientos, sacadas de ropa y manos sin restricción. Yo reía y no podía y tú me hablabas sin ser escuchada, lo único importante en el instante aquel era vivir.

Aquí estamos ahora, los dos en la cama sin dejar de escribir en nuestros cuerpos cuentos sin personajes más que tú y yo, a un costado de la cama estaba el condón, no queríamos recordarlo pero al momento de volar más haya del súper espacio sideral teníamos que hacerlo.

Él se apropio de mi cuerpo, del tuyo luego, nos hizo olvidar el engaño eterno y el mal entendido de milésima de tiempo.

Y todo termina mirando al otro costado, una cajetilla y un par de copas de vino … ¿porqué no me las pasas y dejas de leer?