
A un costado de la cama estaba el condón, no queríamos recordarlo pero al momento de volar más haya del súper espacio sideral teníamos que hacerlo.
Tú me tocabas y yo hacia lo propio, comenzamos en el Parque Bustamante y terminamos en mi cama, pasando por el auto, el semáforo, el disco pare y casi el choque de una micro y todo esto, por placer.
Y llegamos a mi casa sin pensar en cama, porque apenas abrí la puerta el primer sofá se tiño con sabanas y cubrecamas, en almohadas los cojines se disfrazaron y la mesa de centro en el velador de un lado. Nos aburríamos pronto y pasábamos a comernos a la cocina. Sin mucho aliñar, poco que cocinar, todo estaba precocido hace rato ya. Saludamos unos cuadros que nos encontramos en el pasillo y sin hablarlo dos veces mi cama con los brazos abiertos nos dio albergue.
Sin preocuparnos de dejar ordenado ni mucho menos de mantener la compostura, la ropa poco y nada servia y tu maquillaje pintaba mi vida. El pelo disfrutaba de la montaña rusa que formábamos entre movimientos, sacadas de ropa y manos sin restricción. Yo reía y no podía y tú me hablabas sin ser escuchada, lo único importante en el instante aquel era vivir.
Aquí estamos ahora, los dos en la cama sin dejar de escribir en nuestros cuerpos cuentos sin personajes más que tú y yo, a un costado de la cama estaba el condón, no queríamos recordarlo pero al momento de volar más haya del súper espacio sideral teníamos que hacerlo.
Él se apropio de mi cuerpo, del tuyo luego, nos hizo olvidar el engaño eterno y el mal entendido de milésima de tiempo.
Y todo termina mirando al otro costado, una cajetilla y un par de copas de vino … ¿porqué no me las pasas y dejas de leer?

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