En mi cama somos dos, pero en la cocina somos uno. El tango se escucha añejo y penetra en nuestro sexo desenfrenado, un mensaje de luz de una nueva morada.
Nuestro sexo es distinto, es deseo de día y placer de noche, el color triste se inmiscuye entre nuestras posiciones y el destello sale arrancando por el pecado cometido.
Tanta abstinencia de horas me hace querer más y más, afuera de la iglesia una mujer pidiendo limosna, a los pies de la cama soy yo quien es el dueño de esta.
Ríos, montañas, tú inquieta … tú pelo, tus ojos, nosotros.
Tierra, que bonita es mi tierra …
Que es nuestra

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